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VALORES DECLARADOS 

El proyecto se desarrolla en dos niveles, con una voz crítica y académica, pero manteniendo un tono narrativo visual que permita su uso en ensayos, ponencias, exposiciones o catálogos artísticos.


1.    PROFUNDIZACIÓN CONCEPTUAL (SOCIOLOGÍA, ANTROPOLOGÍA, ESTUDIO, EVOLUCIÓN Y TRANSFORMACIÓN MEMORIAL)


2.    CONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA Y POLÍTICA (MODERNIZACIÓN, USURPACIÓN, PATRIMONIOS EN DISPUTA)

Desde una mirada sociológica y antropológica, espacios como el edificio de Correos y Telégrafos de Barcelona adquieren una densidad significativa: no son simples infraestructuras funcionales, sino territorios de memoria. Albergan formas de trabajo, relaciones afectivas, rutinas instituidas, saberes técnico-burocráticos y modos específicos de vivir y habitar el tiempo. Cuando estos espacios se vacían, se reformulan o se desmantelan bajo la lógica de la modernización, lo que se pierde no es solo lo material: se borra también una memoria social acumulada que resulta fundamental para la construcción de una ciudadanía crítica.

Como fotógrafa, me interesa particularmente los espacios urbanos; sin embargo, en este trabajo que presento, concretamente centrado en el Palacio de Correos y Telégrafos Valores Declarados, observo cómo estos espacios no solo reflejan relaciones sociales, sino que también funcionan como archivos vivos de procesos históricos, muchas veces invisibilizados por los discursos dominantes acerca de la modernización y el progreso. En este sentido, trasciende su dimensión física para convertirse en una construcción social, histórica y simbólica, donde se inscriben luchas, memorias, jerarquías y olvidos.

La experiencia personal de 35 años trabajando en la empresa: Correos no es solo una institución en declive, sino una pieza clave en la configuración moderna del tiempo, el trabajo y la comunicación. Su progresiva desaparición material y simbólica plantea preguntas profundas sobre el tipo de ciudad —y el tipo de historia— que estamos construyendo. ¿Qué se conserva y qué se desea olvidar cuando se reorganiza el espacio urbano? ¿Quién decide qué merece permanecer y qué puede ser desechado?.

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Aquí es donde el trabajo artístico adquiere una potencia singular. Este proyecto fotográfico no se limita a documentar un deterioro físico: convierte lo residual en dispositivo de interrogación. Los espacios vacíos y los objetos abandonados aparecen como signos de una pérdida mayor: la pérdida de una memoria colectiva que no cabe en los archivos oficiales ni en los discursos patrimonialistas tradicionales.

En este contexto, los archivos invisibles que se activan en edificios como Correos —con sus prácticas de comunicación, sus flujos informales, sus afectos silenciosos— son también formas de memoria contra hegemónica. Representan una historia no oficial de la ciudad: una historia que no se cuenta desde los grandes monumentos ni desde los relatos del Estado o del capital, sino desde los márgenes, desde lo cotidiano, desde lo que se considera prescindible.

La antropología urbana nos ha mostrado que lo intangible —gestos, saberes, relaciones, atmósferas— es tan constitutivo del espacio como el cemento o la piedra. Por eso, la desaparición de lo intangible no es una mera consecuencia de la modernización: es su condición de posibilidad. Se moderniza borrando. Sé patrimonializar seleccionando. Y se construye ciudad, negando las huellas de quienes la habitaron desde abajo.

Este trabajo fotográfico, entonces, se sitúa en una zona crítica. No solo registra, sino que interpela. Nos recuerda que el derecho a la ciudad es también el derecho a la memoria, y que la ciudadanía se construye no solo con derechos formales, sino con relatos compartidos, archivos comunes y duelos elaborados. Las ciudades necesitan narrarse desde sus ausencias tanto como desde sus presencias, y el arte puede ser un vehículo privilegiado para hacer visible lo que la política o la administración deciden olvidar.

Preservar lo intangible no es simplemente conservar objetos o grabar testimonios. Es un acto profundamente político: significa resistir al olvido estructural, reconfigurar el relato urbano y revalorizar formas de vida que han sido sistemáticamente marginadas. Este trabajo lo hace. Y al hacerlo, no solo documenta el edificio fotografiado durante 18 años, sino que también funciona en paralelo con otros edificios administrativos que ya están en desuso.
             

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